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lunes, 22 de octubre de 2018

BOLSONARO, HADDAD Y EL FUTURO DE LA SOCIEDAD BRASILEÑA


BOLSONARO, HADDAD Y EL FUTURO DE LA SOCIEDAD BRASILEÑA

Nildo Viana

La polarización electoral, relacionada con otras polarizaciones anteriores, apunta a una segunda vuelta electoral bastante acentuada discursivamente. Por un lado, Jair Bolsonaro, por el otro, Fernando Haddad. Las elecciones electorales se realizan generalmente a partir de intereses o expectativas de futuro relacionadas con el presidente electo. Sin embargo, existe una dificultad enorme en ese proceso por parte de la población, pues entre el discurso del candidato y su práctica efectiva posterior, hay un abismo y mucha confusión. Los ingenuos creen en las promesas irrealizables, los interesados (sea de los que se beneficiarán directamente - cargos, dinero, ventajas - sea de los que sólo piensan que serán beneficiados como individuo, grupo, clase) defienden apasionadamente a sus candidatos, los engañados por los discursos creen y votan en aquel que, directa o indirectamente, les convencieron.

La previsión del futuro es algo casi imposible. Lo que podemos analizar son tendencias, pues no sabemos de todo el proceso, de todas las otras tendencias y determinaciones que van a concretarse. Sin embargo, a partir de informaciones y reflexiones sobre la realidad presente, podemos observar las tendencias más fuertes, con sus posibles variaciones, y eso es lo que apuntamos en el presente texto. Nada de lo que está escrito aquí va inevitablemente a ocurrir, pero no sólo es posible que ocurra, sino también es una posibilidad tendencial. ¿Cuáles son las expectativas para la sociedad brasileña en el probable gobierno de Bolsonaro o gobierno de Haddad? Esa es la cuestión que tomamos como punto de partida para apuntar las tendencias.

Un gobierno Bolsonaro puede ser analizado a partir de lo que el candidato y sus aliados dicen, a partir de lo que su adversario plantea, o aún, a partir del análisis en perspectiva de las tendencias existentes. Si el gobierno de Bolsonaro es lo que dicen los petistas, será un retroceso y va a generar más violencia, pobreza, sexismo, privatización, etc. y puede generar una dictadura o incluso "fascismo". Si el gobierno de Haddad es lo que dicen los bolsonaristas, será un retroceso y va a generar más violencia, pobreza, corrupción, burocratismo, etc. y puede generar una dictadura o incluso "comunismo". Para quien cree en cuentos de hadas, esas dos versiones serían igualmente posibles. Si el gobierno de Bolsonaro es el que dice el candidato, entonces Brasil va a cambiar, la familia será respetada, la violencia será contenida, la economía va a ser recuperada, habrá privatizaciones, así como la “Bolsa Familia” será mantenida y tendrá hasta 13º pagos y aumento, entre miles de otras cosas. Si el gobierno Haddad es lo que dice el candidato, la sociedad brasileña va a mejorar, millones volveran a tener empleo, la educación va a ser ampliada en todos los niveles, aquellos que ganan hasta 5 salarios mínimos no pagaran más impuestos, la diversidad será respetada, así como se revocará la reforma laboral y las obras gubernamentales se reanudará. Para quien cree en Papá Noel, pueden colocar sus medias colgadas en el 25 de diciembre, pues esas dos versiones serían realizables.

Este es el discurso electoral y sólo cree en él quien no tiene sentido crítico o experiencia de vida. Si bien la experiencia de vida puede ser engañada por la fe, el deseo, los intereses. En el caso de las mujeres, Enrique Santillo, que también fue elegido y tampoco cumplió la promesa. Las promesas de Fernando Collor de Mello, Luis Inacio Lula da Silva, Dilma Roussef, entre miles de otros, tampoco se cumplieron. Collor dijo que acabaría con la pobreza de los "descamisados y pies descalzos" y con "los marajás" (corruptos) y acabó sufriendo impeachment por corrupción (...). Jânio Quadros, mucho antes (1960), dijo que iba a "barrer la corrupción". Si la experiencia no siempre es suficiente, la reflexión debería serlo. El discurso electoral es optimista, los candidatos resuelven todos los problemas (salud, educación, seguridad, empleo, etc.) y todo es fácil de resolver, basta elegir al candidato. El que acompañó a los presidenciables en 2018 sabe que es todo fácil de resolver: "dinero hay, pero él está mal distribuido" (Guillermo Boulos); "Brasil se convertirá en una gran nación mundial" (Cabo Daciolo); "Lo que Brasil necesita es competencia para traer de vuelta el crecimiento" (Henrique Meirelles), etc. El discurso electoral es siempre optimista y voluntarista (y mentiroso). Nadie gana elecciones diciendo la verdad. Una vez en el gobierno, es sustituido por el discurso gubernamental, que a su vez es realista y pesimista ("la crisis internacional", "la campaña opositora", la "falta de recursos", etc.).

Hasta aquí sólo apuntamos lo que el futuro gobierno no va a hacer: no va a hacer lo que el adversario dice y ni va a hacer lo que él mismo dice. Al final, ¿qué es más probable que hagan los dos presidenciables si se eligen? La tendencia no es nada buena y eso en ambos casos. Esto, en parte debido al contexto histórico y social, y en parte debido a quién son los candidatos que pueden convertirse en el futuro presidente.

Un gobierno de Bolsonaro tendería a ser autoritario y llevaría adelante políticas de austeridad. La tendencia es a realizar poco de lo prometido. Entre las pocas cosas que tiende a realizar, es valoración de la familia y de las tradiciones, entrando en confrontación con el bloque progresista y generando algunas alteraciones en la educación estatal y otros procesos, lo que deberá alcanzar los corrales electorales petistas y reducir drásticamente la financiación de ciertos sectores vinculados al PT. Podría intentar concretar otras iniciativas, como la cuestión de la portación de armas, la reducción de la mayoría de edad penal, etc., que son propuestas neoliberales. Así, con contradicciones y obstáculos, eso es lo que puede esperarse en materia de política gubernamental. En el plano de la política económica, al menos al principio, adoptará políticas neoliberales a través del Ministro de Hacienda, Paulo Guedes, que no resolverá las cuestiones y difícilmente conseguirá retomar el ritmo de acumulación de capital ("crecimiento económico"). El mayor logro de un gobierno de Bolsonaro debería ser liquidar el petismo.

Su gobierno, en un primer momento, tiende a generar un cierto optimismo y la "confianza” del capital transnacional y del mercado. Bolsonaro, a pesar de no ser el "candidato ideal" para el capital, logra generar más confianza en el capital transnacional y en el mercado internacional (la caída del dólar y la cotización de la bolsa de valores lo muestran). Deberá conseguir cierto apoyo parlamentario con las adhesiones oportunistas y alineamientos de partidos e individuos. Sin embargo, en un segundo momento, la tendencia podría significar pérdida de popularidad creciente con el neoliberalismo discrecional por parte de sectores cada vez más amplios de la población, aumento del número de huelgas, etc. Sus pilares también tienden, a largo plazo, a debilitarse, pues el antipetismo pierde sentido con el fin del petismo y el moralismo conservador pierde su llamamiento con el retroceso de la moral progresista y del inmoralismo. Si no se produce una aceleración de la acumulación de capital, también los recursos tienden a menguar y la situación es difícil. En esa situación, la oposición tiende a crecer, tanto a través del ala moderada del bloque dominante, como por lo que queda del bloque progresista, y, aún, del bloque revolucionario y de los trabajadores en general.Esto significa que a corto plazo un gobierno de Bolsonaro puede tender a mantenerse relativamente estabilizado, pero a mediano plazo también pueden aparecer cada vez más dificultades y generar inestabilidad. Por supuesto, esto dependerá fundamentalmente de la acumulación de capital y de la situación internacional (que, por otra parte, están entrelazadas), pero la tendencia en estos aspectos tampoco son las mejores para el capital. Si se da lo anterior, puede generarse un mayor grado de represión estatal en el movimiento obrero y corrientes opositoras y más motivos para el descontento. A largo plazo es difícil observar las tendencias, pues depende de lo que se efectúa a corto y medio plazo. Por lo tanto, las perspectivas no son nada buenas en un gobierno de Bolsonaro.

Un gobierno de Haddad tiende a tener algunas diferencias. Pero se encontrará ante un dilema. Tendrá que decidir si efectúa políticas neopopulistas e intentar efectuar algunas de las promesas o adoptar el neoliberalismo discrecional y abandonará casi todas sus promesas de campaña. Poco de lo que se prometió podrá ser hecho. Lo poco que podría ser realizado sería el mantenimiento, en forma precaria, de la política de identidades y cosas por el estilo. La reanudación de obras públicas, la disminución de impuestos, las políticas de desarrollo educacional, entre otras, depende de los recursos estatales que hoy faltan. La revocación de la reforma laboral y de la PEC de techo de gastos es difícil y traerá fuerte oposición de la burguesía, comprometiendo la gobernabilidad, así como el aumento de gastos estatales (que tiende a ocurrir por las propias necesidades del petismo y su carácter burocrático y neopopulista) a aumentar los problemas y las dificultades financieras. La oposición será fuerte de todos lados (de la misma forma que Bolsonaro, enfrentará a la oposición de la derecha moderada, que intentará suavizar las medidas, así como del bloque revolucionario y de gran parte de la población, tanto de trabajadores como de adeptos del bolsonarismo, que deberá consolidarse como opción política después de su supuesta derrota y con fuerza parlamentaria). En el caso de la burguesía y del bloque dominante, como ya tiene en el período electoral, y del bloque progresista, en su ala más moderada (PSOL, PCdoB, PSB, etc.) De ello también resulta un carácter más represivo del aparato estatal para intentar mantener la gobernabilidad.

Sin embargo, y este es el problema del petismo que lo llevó a la destitución de Dilma Rousseff, el PT es el reino del partido y la burocracia sindical y otras organizaciones asociadas (ONG, etc.) , así como los sectores de la intelectualidad. Por lo tanto, tiende a tener gastos que otros gobiernos podían evitar así que casi no realizar ciertas políticas porque al hacerlo pierde votos y en 2020 habrá elecciones municipales de 2022 y las nuevas elecciones presidenciales. Por lo tanto, se plantea un nuevo dilema: unirse al neoliberalismo discrecional y perder popularidad y las elecciones, lo que significa ganar posiciones ahora y perder inmediatamente después o mantener el neoliberalismo neo-populista y así evitar las políticas de austeridad y aumentar los gastos del Estado, generando mayores problemas y dificultades, así como perdiendo apoyos de sectores de la burguesía. La insistencia en el neoliberalismo neopopulista significaría una situación caótica y conflictiva desde el inicio del gobierno y que puede generar dificultades crecientes de gobernabilidad. Es claro que esto dependerá en parte del ritmo de la acumulación de capital y de la dinámica del capitalismo mundial y otras determinaciones, pero la tendencia en ese caso tampoco es para generar optimismo.

Un gobierno de Haddad tendería a comenzar con dificultades, ya que tiene poco apoyo y el mercado de capital transnacional y global debería tener un impacto negativo de los resultados de las elecciones, en caso de victoria PT (en bolsa de valores, en dólares). Por lo tanto, en el caso de Bolsonaro la tendencia es cierto alivio al principio porque de optimismo y buena acogida del capital internacional y la mayor parte de la burguesía brasileña, en este caso la tendencia es la contraria. Y el bolsonarismo será una oposición constante y ahora fortalecida, incluso pudiendo generar, como ya se ha anunciado, un nuevo partido en torno a Bolsonaro. De la misma forma, otros sectores deberán hacer oposición desde el principio. Y si la situación inicial es desfavorable, la tendencia es un gobierno que ya nace con el anuncio de su muerte. En fin, un gobierno Haddad tiende a comenzar con enormes dificultades y si esto se concreta, la situación nacional debería empeorar, generando un proceso de agudización de conflictos y fortaleciendo aún más el antipetismo, que incluso perdería parte de su base electoral, desilusionada. Así, a corto plazo sería crisis gubernamental y otras crisis, acentuación de conflictos, etc. A medio plazo y más a largo plazo, el caos y las soluciones imprevisibles podrían ocurrir. Por otro lado, si la situación es más favorable, y la decisión es por una política económica pragmática, el gobierno podrá sostenerse razonablemente y, si hay una reanudación del ritmo de acumulación de capital, podrá ganar aliento. Esta, sin embargo, es una tendencia poco probable y sólo con mucho optimismo se podría esperar eso.

Así, la tendencia inicial de un gobierno Haddad sería de inestabilidad y conflictos crecientes al principio y que pueden agravarse a no ser que abandone el neopopulismo y abandone las pocas promesas realizables y / o la situación internacional y la acumulación de capital apunte a una evolución positiva, lo que no es lo más probable en por el momento. Si esta tendencia inicial de inestabilidad se mantiene, el caos y soluciones más drásticas pueden surgir. Si no se mantiene, puede haber algún aliento para el gobierno, pero con fuerte oposición, dificultades, crisis. De cualquier forma, la vuelta de la "era de oro" del tiempo de las vacas gordas no volverá, pues ahora es la época de las vacas magras

Es necesario discutir la cuestión de la amenaza fascista y comunista que los candidatos acusan de ser posible la victoria de su rival. Bolsonaro no es fascista y Haddad no es comunista. Esto es sólo discurso electoral y que convence sólo a los más despolitizados y que no poseen mayor formación e información, así como a los adeptos apasionados que abandonan la racionalidad o, aún, aquellos que tienen sus sentimientos de miedo y / o odio manipulados por campañas electorales. Un gobierno de Bolsonaro tenderá a ser autoritario y, dependiendo del contexto (que es el más probable) un gobierno de Haddad también lo será. Sin duda, el objetivo de la represión que tiende a existir en los dos casos apunta a algunos que son comunes y otros que son selectivos. En un gobierno de Bolsonaro, sectores progresistas, adeptos del inmoralismo y moral progresista, trabajadores en general, bloque revolucionario y sectores del bloque progresista, tienden a sufrir mayor grado de represión, pero generalmente en casos de manifestaciones, acciones determinadas, espacios institucionales. El grado de represión depende de la acción y reacción de ambos lados y del contexto más amplio. En un gobierno de Haddad, sectores reaccionarios, trabajadores en general, bloque revolucionario y el ala extremista del bloque progresista tienden a sufrir mayor represión en caso de manifestaciones, determinadas acciones y espacios institucionales. Sin duda, pueden haber sorpresas dependiendo de acciones inesperadas, efectos internacionales, dinámica de la acumulación, decisiones políticas, etc. Por eso se trata de una tendencia general y más probable.

La síntesis general es que, independientemente de quién gane (por ser esas dos opciones concretas con sus características específicas), la tendencia general es que el país continúe en situación de inestabilidad, crisis, conflictos. ¿Qué hacer en esta situación? Para aquellos que pertenecen al bloque revolucionario, que luchan por la transformación radical y total de las relaciones sociales, no se trata de escoger el "menos mal", pues ambos son malos, y nada cambiarán en la situación del país. Y lo trágico es que no sólo no cambiarán nada como tienden a empeorar todo. La acción de quien pertenece al bloque revolucionario es mantener su coherencia y luchar por la transformación social y, inmediatamente, buscar fortalecer las organizaciones autárquicas (formas de auto-organización) de los trabajadores, la autoeducación y la politización de la población, avanzar en la búsqueda de una unidad de acción para combatir los retrocesos que tienden a venir, tanto en el plano económico y político en ambos casos. Este fortalecimiento es fundamental para generar una correlación de fuerzas en la sociedad civil que sea favorable a los trabajadores y que impida que las políticas estatales sean aún más penosas y al mismo tiempo crear condiciones para avanzar más allá de la lucha defensiva para evitar más pobreza, desempleo, represión, etc., y así poder pasar a una lucha ofensiva por la constitución de una nueva sociedad, la sociedad autogerida.

Tradução: Arístides Groisman

sábado, 27 de mayo de 2017

CAOS Y TENDENCIAS EN LA SOCIEDAD BRASILEÑA ACTUAL


CAOS Y TENDENCIAS EN LA SOCIEDAD BRASILEÑA ACTUAL

Nildo Viana

La sociedad brasileña vive una situación caótica y marcha hacia la crisis y posibilita tendencias diversas para el futuro. El caos surgió embrionariamente en 2012 y se profundizó en los años siguientes. El momento más visible fue el 2013, cuando las manifestaciones estudiantiles generaron manifestaciones populares que reunieron a miles de personas, generando disputas en el interior del bloque dominante y una crisis institucional que, a su vez, reforzó y fue reforzada por la crisis financiera. La desaceleración del ritmo de acumulación de capital acabó generando problemas aún mayores. El impeachment del gobierno neoliberal y neopopulista de Dilma Roussef anunciaba una recomposición del bloque dominante y una posición más fuerte y definida de la clase dominante. El nuevo gobierno adoptaría las políticas necesarias (reforma laboral, etc.) para la reanudación del ritmo de acumulación de capital, permitiendo una mayor tasa de explotación y otros cambios que colocarían al país en los ejes nuevamente.

Sin embargo, esto no ocurrió. Esto no ocurrió debido a diversas determinaciones. Una de ellas es que el proceso de desaceleración del ritmo de la acumulación de capital no podría ser retomado de la noche a la mañana, así como eso necesitaría un gobierno fuerte y competente. Las medidas económicas fueron modestas y las reformas que serían necesarias para colaborar con ese proceso tardaron en ser encaminadas y eran bastante impopulares. El Gobierno Temer también pecó por haber formado un gobierno de "aliados", o sea, compuesto por las fuerzas políticas que se unieron para derribar a Rousseff y por eso muchos ministerios y el equipo gubernamental carecía de mayor firmeza y competencia. Además, el gobierno ya nació con problemas de legitimidad y eso reforzaba su debilidad. La morosidad en el encaminamiento de las medidas necesarias, incluso debido a la espera del impeachment definitivo, acabó generando otro obstáculo para la recuperación del ritmo de la acumulación capitalista y también descrédito para el gobierno.

Así, el gobierno Temer fue lento y no tuvo competencia para tomar medidas más rápidas y eficaces. Después del impeachment definitivo, avanzó más rápido en las reformas y encontró la resistencia no sólo de los representantes y simpatizantes del ex gobierno, sino también de sectores de la juventud. Pero, prosiguió con su acción, sólo que el poder judicial, que se autonomizó demasiado en los últimos años, dio continuidad a los procesos de investigación de corrupción y acciones jurídicas que acababan envolviendo diversos sectores, llegando hasta el actual gobierno y adyacencias. Esta situación generó nueva inestabilidad política con las denuncias que involucra al presidente Michel Temer. En ese contexto, los ex-gobernantes intentan reanimar, sin gran apoyo popular. Brasil vive una situación institucional en la que no tiene un gobierno estable, ni oposición fuerte. En el plano de la sociedad civil, no hay gran reacción y la apatía del movimiento obrero y de los trabajadores en general es el mayor problema del momento y que hace la situación del país caótico. Las manifestaciones que vienen ocurriendo son vaciadas e incluso cuando hay alguna forma de participación más amplia, como la paralización nacional del 28 de abril, ocurre de forma sólo defensiva, contra las reformas propuestas por el gobierno y sin ningún proyecto político alternativo.

El caos se establece cuando el aparato estatal y la democracia representativa enfrenta una crisis de legitimidad, las disputas internas en el bloque dominante desgarran al gobierno y reducen aún más su eficacia y legitimidad, la oposición institucional se muestra frágil, incompetente e impotente, y el proceso De lucha, auto-organización, autoformación, de los trabajadores se muestra ausente. El caos instalado permite las más diversas soluciones, pues las tendencias y posibilidades se amplían en este contexto. El bloque dominante se encuentra desarticulado, pues si tuviera un mínimo de competencia y articulación, habría evitado más esta situación post-impeachment, incluso porque las reformas estaban siendo encaminadas en beneficio de la clase capitalista y la responsabilidad estaba siendo jugada sólo para el gobierno Temer. En ese contexto, una solución drástica puede ser tomada y ya tiene sectores que comparten con esa posibilidad, la llamada "intervención militar" para acabar con la balbúrgia reinante. Esta posibilidad existe y desde 2014 hay sectores de la población defendiendo esta solución en manifestaciones callejeras. Cuanto más la situación se deteriora y prolonga, más esta posibilidad se vuelve una tendencia.

Esta posibilidad convive con otra, que es una solución institucional. El alejamiento del actual gobierno y nuevas elecciones (directas o indirectas) podría instalar un nuevo gobierno. Esto daría un cierto aliento y podría proseguir con las acciones en el sentido de reanudación del ritmo de acumulación de capital ("crecimiento económico"). Para ello, sin embargo, algunas luchas serían bloqueadas en el interior del bloque dominante y con la morosidad que acompaña en la política institucional, incluida la resistencia del Gobierno Temer. Un problema adicional es el poder judicial y la llamada "Operación Lava Chorro", pues nadie escapa de la corrupción, a no ser que se limite la investigación. El aparato judicial y el aparato represivo se entusiasma con su autonomización y van demasiado lejos, tan lejos que la ya ilegítima gobernabilidad y democracia se vuelven cada vez más desacreditadas. Este sería otro obstáculo para tal solución. No todos los agentes del proceso histórico son conscientes de lo que están haciendo y de los problemas que pueden crear. En el mismo lado, la ignorancia genera divisiones y problemas, lo que se ve reforzado por intereses más particulares dentro de la clase dominante.

Algunos engañados apuntan a una tercera posibilidad. El retorno glorioso de Lula, el ex presidente del Partido de los Trabajadores. Sin embargo, además de este estar involucrado con la corrupción y las denuncias y pruebas si se avoluman, así como de diversos otros de su partido, como Dilma Roussef, su partido ya no tiene ningún apoyo significativo de la población. La CUT - Central Única de los trabajadores y todas las organizaciones de la sociedad civil apareadas por el PT, incluso el MST (Movimiento de los Sin Tierra) se desintegra ante los ojos de la población. Las manifestaciones vaciadas muestran su total falta de legitimidad y apoyo popular. Las denuncias y problemas en todas estas organizaciones sólo refuerzan la situación crítica y etapa terminal del PT. Incluso el intento de unir el bloque progresista (intentando apoyar a los demás partidos de izquierda) no generó ningún resultado, no sólo porque esos son partidos pequeños y sin gran fuerza, como también por la inoperancia de todos ellos y la resistencia de los sectores más extremistas. La apuesta del PT y similares en las políticas de identidad (género, etc.) muestran el vacío y el distanciamiento del bloque progresista en relación a la mayoría de la población, tanto de las clases privilegiadas, cada vez más antipetista, cuando de las clases desprivilegiadas, cada vez más Ajenas a la política institucional. Sólo los sectores ligados al PT y demás fuerzas del bloque progresista y sectores de la burocracia civil, intelectualidad e integrantes de movimientos sociales cooptados por el antiguo gobierno y que aún no percibieron la derrota, se mantienen como apoyo y no consiguen promover una verdadera oposición, Un plan institucional (parlamentario, estatal, etc.), ni en el plano de la sociedad civil (presión, manifestaciones, etc.).

Una última posibilidad sería el desencadenamiento de una lucha revolucionaria, lo que remite al bloque revolucionario y movimiento obrero. El bloque revolucionario podría haberse desarrollado a partir de las manifestaciones de 2013, pero acabó estancándose, en parte debido a las políticas de identidad incentivadas por el PT y similares, en parte debido a la falta de formación política e influencia de las ideologías post-estructuralistas, Irracionalistas y anti-intelectualistas) y el rechazo de la organización de vastos sectores de la juventud a partir de tal influencia. La apatía del movimiento obrero también refuerza ese proceso y facilita este estancamiento, con honrosas excepciones, pero nada sirve lanzar semillas fértiles en terrenos infértiles. La gran ausencia de las clases desfavorecidas y la fragilidad del bloque revolucionario plantean esa posibilidad como remota.

Sin embargo, así como nadie previó la emergencia del movimiento obrero en diversos intentos de revoluciones proletarias (desde la Comuna de París, pasando por diversas experiencias revolucionarias, sin hablar de luchas menos radicales, pero sorprendentes, como las propias manifestaciones de junio de 2013 en Brasil , Puede que el inesperado se manifieste de nuevo. La previsión histórica falla por el motivo de que los analistas generalmente observan las tendencias latentes y visibles y no la insatisfacción y descontento de amplios sectores de la población que, espontáneamente, explotan en acción en cualquier momento. La revolución de febrero en Rusia, así como el mayo de 1968 en París, muestran estos procesos y como en momentos de desesperanza, la esperanza resurge concretamente a través de las luchas sociales, especialmente las luchas proletarias.
Pero, esto trae mayor responsabilidad para el bloque revolucionario, pues necesita contribuir con el proceso de auto-organización y autoformación desde ahora, para que el intento, si ocurre, tiene mayores posibilidades de concreción y superar el inacabamiento de las revoluciones proletarias. El bloque revolucionario se encuentra fragilizado por diversos motivos. Aunque las manifestaciones de 2013 apuntaban a su fortalecimiento, las políticas del Gobierno Dilma, así como la polarización creada entre partidarios del gobierno y opositores, que se manifestó electoralmente en 2014 y se fortaleció en los dos años siguientes con la oposición entre oficialistas y adeptos del impeachment , Acabaron impidiendo ese proceso. La polarización excluyó a las clases desfavorecidas del debate, especialmente al movimiento obrero. La disputa electoral por el gobierno, que casi terminó en empate, tuvo casi un tercio de ausentes, lo que se percibe a través de la cantidad de abstenciones, votos nulos y votos en blanco, sumados. La polarización entre oficialistas y opositores institucionales se dio en el plano político y también en la moral. El moralismo conservador y el moralismo progresista se digladiaron y, dentro de diversos movimientos sociales, tuvo el efecto, al lado de la polarización principal, desviar gran parte de la población de la lucha de clases para cuestiones de impeachment y corrupción, por un lado, y cuestiones morales (sexualidad, etc.) por otro.

Otro obstáculo que el bloque revolucionario encuentra es, además de la hegemonía y polarización cultural derivada de la situación anterior, la fuerza de ideologías y concepciones, que generan un verdadero reino del subjetivismo. La negación de la razón -que se manifiesta a través del irracionalismo, pragmatismo y practicismo- junto con la negación de la organización, acaban debilitando drásticamente el bloque revolucionario (especialmente sectores de la juventud, intelectuales, militantes en general). El autonomismo y el anarquismo muestran sus límites por expresar influencia de las ideologías subjetivistas y otras que no contribuyen con un avance teórico y organizativo, así como la izquierda partidaria acaba reproduciendo varios de estos elementos ideológicos, especialmente el PT (Partido de los Trabajadores) y el PSOL (Partido Socialismo y Libertad).

El bloque revolucionario puede ganar con la reemergencia del movimiento obrero, pero debería antes de anticiparse y fortalecerse. Así, para que el bloque revolucionario consiga colaborar con la autoorganización y la autoformación de las clases desprivilegiadas y del proletariado en especial, sería necesario fortalecer, ampliar la articulación política, aumentar el número de adeptos y militantes, superar las ambigüedades de algunos sectores, Incluyendo el remolquismo en relación a otras fuerzas políticas y quedar atrapado en ideologías hegemónicas). Además, tendría que intensificar y ampliar la lucha cultural (desde la producción teórica, pasando por la producción artística, hasta llegar al proceso de socialización del saber y divulgación, especialmente la propaganda generalizada), la intervención revolucionaria en la sociedad civil (movimientos sociales, escuelas , Universidades, barrios, fábricas y empresas, etc.) y avanzar presentando una estrategia revolucionaria y un proyecto político de transformación radical y total del conjunto de la sociedad. La situación actual crea algunas condiciones favorables para este proceso, pero la superación de la hegemonía y ciertas ambigüedades es necesaria para que esto ocurra. El proyecto autogestionario debe ser la principal bandera de lucha del bloque revolucionario y no la simple negativa de las reformas oficialistas.

En caso de que el bloque revolucionario no pueda avanzar en ese sentido, las luchas espontáneas podrán avanzar y crearse una situación revolucionaria, no sólo no habría contribuido a que eso ocurriera en condiciones favorables para la victoria, como tendría poca capacidad de intervención e impedir la contrarrevolución, Sea por la vía de la represión estatal, sea por la vía de la burocratización o su debilitamiento con mero cambio de gobierno. Por eso es fundamental el incentivo para las formas de auto-organización (comisiones, asociaciones, consejos de trabajadores, consejos de barrios, etc.) y la autoformación intelectual (a través de la lucha y del acceso al pensamiento crítico y producción cultural anticapitalista). La posibilidad de una revolución proletaria victoriosa y acabada tiene como una de sus determinaciones la cuestión de la hegemonía y de la fuerza de los bloques sociales, especialmente del bloque revolucionario. Por eso éste necesita ir más allá y superar sus límites.

The future of Brazilian society is, in concrete terms, uncertain, and, on the plane of consciousness, a box of surprises. That is why it is fundamental to raise awareness to avoid surprises and to deepen the action to reinforce the tendency that we want it to materialize.

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